sábado, 15 de diciembre de 2012



La cucaracha como una nueva fuente de electricidad, según un estudio
Por Rocío Sarabia de 1º Bach C
 
La sencilla cucaracha que muchos consideran como una plaga doméstica, pronto podría ser una alternativa bastante interesante como fuente de electricidad viable.
 

Después de un estudio que duró cerca de cinco años, los investigadores han descubierto que este tipo de insecto produce un “tipo de sustancia química” que tiene una densidad de potencia de alrededor 100 micro vatios por cada centímetro cuadrado a 0.2 voltios. Y que podrían llegar a 450 micro-amperes por centímetro cuadrado.

 Esta electricidad generada es el resultado de una reacción química que ocurre dentro del cuerpo de la cucaracha. Para hacer esto, es necesario hacer uso de enzimas en un conductor eléctrico en el que fluye la electricidad.
En primer lugar, una enzima divide la azúcar trehalosa en dos formas más simples de monosacáridos de azúcar. A continuación, otra enzima oxida estos monosacáridos, y este proceso de oxidación libera electrones, que luego son extraídas hacia el cátodo.
 Este sistema se inserta entonces en una cucaracha, específicamente, en un seno en el abdomen, y que se encuentra lejos de los órganos vitales, por lo que no produce daños mayores en el insecto a largo plazo.
 De hecho, el insecto es capaz de caminar o correr tras el proceso. Esto es porque la cucaracha posee el sistema circulatorio abierto y no tiene la presión arterial como la de un mamífero, en cuyo caso, la inserción de dicho sistema sería peligroso.

OPINIÓN
Me ha  resultado una noticia súper interesante, partiendo de que desde siempre he odiado las cucarachas y nunca pensé que sirvieran para algún tipo de experimento, o que fueran necesarias para algo. Solo sabía que los asiáticos se las comen, y que estudios científicos afirman que podrían sobrevivir a una bomba atómica. Después de esto me hace pensar en el bien que hacen para el bien común de todos, y que es preferible no matarlas.

 


Muere por el peor caso de anorexia jamás visto
Por Sara Velasco y Mª Elena Vázquez de 1º Bach A

Con 31 años, Kate Chilver ha perdido la batalla a la anorexia. Esta joven británica ha muerto tras casi 20 años luchando contra la enfermedad. Su caso ha sido calificado por médicos de Reino Unido como el peor visto jamás.
Kate Chilver estaba tan delgada que partes de su intestino y de su estómago estaban paralizadas por falta de riego sanguíneo. Pero hasta llegar a este punto, hay que remontarse casi 20 años atrás. Con 12 años, comenzó la pesadilla de esta joven británica. Desde entonces, su vida transcurrió de especialista en especialista hasta que la anorexia ha acabado con ella.
Han sido casi dos décadas de lucha, de sufrimiento, con muy pocas perspectivas de curación porque mientras el IMC saludable se sitúa entre 20 y 25, el suyo nunca superó el 12, descendiendo en algún momento incluso hasta el 9. En el momento de su muerte Kate apenas alcanzaba los 30 kilos.
No en vano, el caso de Kate es, para los médicos que la trataron, el peor visto jamás. El psicólogo consultor en la Clínica Vincent Square recuerda como desde 2004 la joven era alimentada por un tubo. Y como había abandonado el centro solo dos veces y por muy corto espacio de tiempo. También recuerda como Kate no respondía a la medicación y no podía participar en terapias ni practicar ejercicio de ningún tipo.
Tras su muerte, los doctores que le realizaron la autopsia coincidían con el doctor Connan en que Kate era la paciente más delgada que jamás habían tenido que tratar. Su muerte se produjo por la ausencia total de grasa de su organismo lo que permitió que sus arterias se cerraran por falta de circulación sanguínea. Su cuerpo estaba literalemente “muerto de hambre”.

OPINIÓN:
En nuestra opinión la bulimia y la anorexia se corresponden con unas de las enfermedades más típicas correspondientes a nuestra edad. Se han producido muchas muertes, entre ellas la de esta chica británica, por padecer este tipo de trastornos alimenticios. Y pensamos que con uno poco más de ayuda estas personas podrían llegar a haber salvado sus vidas. Ya que en muchos casos la persona afectada no lo acepta ni lo comunica a sus familiares, por lo que estos no pueden propiciarle ningún tipo de ayuda ni apoyo; si no que se esconde y lo trata en solitario, creyendo que es mejor, y lo único que consigue es aumentar las probabilidades de su muerte.
Para diagnosticar este tipo de enfermedad debemos seguir esta serie de patrones:
  • La negación del individuo a mantener el peso del cuerpo cercano a su ideal, según su estatura y edad.
  • Un miedo intenso a engordar, aunque el peso sea inferior a lo normal.
  • La auto-percepción se distorsiona y el individuo no reconoce o asume la extrema pérdida de peso.
  • Finalmente, en mujeres que ya tienen su ciclo menstrual, existe una alta probabilidad de amenorrea (suspensión de la menstruación).
La recuperación de este tipo de enfermedades requiere un proceso largo y con mucha ayuda y supervisión médica.
·                     El individuo deberá someterse a una terapia psiquiátrica.
·                     En los casos más extremos, el paciente deberá ser hospitalizado
Consecuencias fisicas:                                             
·                     Corazones pequeños: Niñas de 17 años con corazones del tamaño de una de siete. Quedarse, literalmente, en los huesos está provocando alteraciones en el funcionamiento y en el tamaño del corazón.  Los expertos desconocen aún si la recuperación del peso devolverá la normalidad al funcionamiento cardiaco.
·                     Niñas menopáusicas: La amenorrea es uno de los tres síntomas que sirven para el diagnóstico de la anorexia nerviosa. Dicha pérdida ha sido asociada con la aparición de osteoporosis.
El tratamiento consiste en corregir las anomalías metabólicas y normalizar la alimentación, junto con un tratamiento psiquiátrico y psicoterapéutico. La familia y personas íntimas de la enferma también deben recibir orientación y ayuda.


NOTICIA VOYAGER 1
Por

JESÚS RODÍRGUEZ, JUAN MUDARRA, ALBERTO RAILLO  de 1º Bach A



En 1977 dio inicio la misión espacial más ambiciosa hasta entonces; tan ambiciosa, de hecho, que continúa 35 años después.
La idea era aprovechar la peculiar alineación de los cuerpos celestes en el Sistema Solar para lanzar dos sondas en un recorrido planetario que las llevara a acercarse como nada antes de ellas a Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Las naves gemelas recibieron el apropiado nombre de 'viajeros' y así comenzó la odisea de la Voyager 1 y la Voyager 2.
Imagíneselo por un momento: un aparato metálico de 700 kilos, provisto de una antena parabólica y un brazo metálico que soporta varias cámaras, avanzando hacia la inmensidad del espacio a unos vertiginosos 17 kilómetros por segundo.
A 18.500 millones de kilómetros del Sol, toma 16 horas para que su señal llegue a las antenas de la Nasa. Ambas sondas siguen enviando información cada día y se espera que sigan operativas, y en contacto con la Tierra hasta el 2025.
La Voyager 1 ya cumplió la misión para la que fue construida. Durante su paso cerca de Júpiter, en 1979, tomó casi 20.000 fotografías que retrataron como nunca antes la turbulenta atmósfera del gigante de nuestro vecindario planetario.
Al acercarse a Io, una de sus lunas, obtuvo las primeras pruebas de actividad volcánica por fuera de nuestro planeta. Un año más tarde descifró los misterios de los anillos de Saturno y detectó trazas de una atmósfera. La Nasa decidió cambiar su ruta para acercarla más a esa luna y por eso la Voyager 1 nunca 'visitó' a Neptuno o Urano, algo que sí hizo la Voyager 2.
Pero lo mejor podría estar por venir. Porque si hasta ahora la Voyager 1 ha sido un emisario interplanetario, los datos de la Nasa sugieren que podría convertirse muy pronto en el primer viajero interestelar de la humanidad.
La nave se halla en estos momentos en la 'heliopausa', la zona en la que los vientos solares chocan con el gas interestelar. En palabras simples, esto significa que se aproxima a lo que los astrónomos consideran el límite del sistema solar.
Predecir en qué momento la Voyager 1 cruzará esa barrera es muy difícil, y los científicos de la Nasa solo aventuran que podría pasar en el próximo año.
En contraste, saber cuando suceda será facilísimo porque ocurrirá a la par con un aumento súbito en los rayos de energía cósmica provenientes del exterior del Sistema Solar o una caída en los niveles de radiación solar.
Si cualquiera de estas cosas se da -y hay señales que indican que podrían pasar en cualquier momento- la Voyager 1 se habrá convertido en el primer objeto fabricado por el hombre en entrar al espacio interestelar (literalmente, el espacio entre las estrellas) y podría suministrar valiosísima información sobre el espacio.
Pero parte integral de la leyenda de la Voyager 1 no radica en la información que envía a la Tierra, sino en la que lleva consigo. A bordo de la sonda (así como a bordo de la Voyager 2) viaja un disco de oro. Allí, además de saludos de buena voluntad en 55 idiomas, viajan piezas musicales de Bach, Beethoven y Stravinsky, así como un tema de rock and roll.
A la manera de un mensaje en una botella, el disco va dirigido a cualquier forma de vida inteligente que pudiera encontrarlo. Pero eso no será pronto, porque la Voyager 1 llegará al sistema solar más cercano en poco más de 40.000 años.